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Vivimos simultáneamente en dos mundos distintos, uno en el que prevalecen las normas sociales y otro en el que las normas mercantiles marcan la pauta.

¿Por qué nos gusta hacer algunas cosas, pero no cuando nos pagan por ello?

Hace algunas semanas escribí el post «El coste de las normas sociales» en el que ya nos hacíamos la pregunta acerca de la distinción entre las normas sociales y las mercantiles. Es habitual estos días que nos debatamos entre acercarnos a nuestras familias y amigos con algún detalle, ¿regalo?, con el que les queremos decir que nos importan, que queremos contribuir a su felicidad. ¿Y cuanto queremos contribuir en términos de unidades monetarias o de esfuerzo personal en pensar, buscar activamente, decidir con todo tipo de dudas, entregar con qué mensaje…?

Es mejor regalar algo que se realmente se quiera

Stephanie Bank, nos dice en Ask a behavioural economist: Is it better to give cash or gift cards? que es mejor regalar algo que nuestro familiar o amigo realmente quiera. Es probable que hayan dejado caer pistas claras. En realidad a la gente le encanta recibir cosas que han pedido explícitamente.

La segunda opción, cuando eso falla, es la tarjeta de regalo. Es mejor que el dinero en efectivo, el dinero se puede gastar en cualquier cosa, provoca un alto coste de pago y, añado yo, se desdibuja en nuestras cuentas contables mentales.

Pero… ¿qué pasa cuando devolvemos un regalo? Habitualmente no informamos a quien nos lo ha hecho, nos incomoda. Pero entramos en nuestra contabilidad y, al menos un 10 % de los americanos lo hacen, y emplean el reembolso para comprar otras cosas. Incrementan el gasto.

Os presento un buen regalo para leer estos días. Una nueva entrega de Dan Ariely que nos habla de forma extensa del sentido del dinero.

Hace ya unas décadas que empleamos las tarjetas regalo, las tarjetas con dinero, el dinero en efectivo como regalo directo. En algunas empresas se ha sustituido la «Cesta de Navidad» por su importe en efectivo ¡incluso puede formar parte del convenio!. ¿Podemos estar perdiendo la esencia del regalo?, del «me importas», del «quiero sorprenderte» y te dedico tiempo, no solo dinero.

¿A quien se le ocurriría estos días navideños, tras una de nuestras cenas familiares, sacar la cartera y solicitarle a nuestra madre, hermano… la cuenta de esa cena?

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